15 oct. 2015

Ya hace un mes y me siento genial.

 
                                                                           - I -                                                                    


Pareciera que fue ayer cuando me llamó mi marido, era viernes de feria y yo estaba contando los minutos para salir de la oficina en dirección al recinto ferial a celebrar la famosa mariscada, y me dijo: "Cari, enciende el móvil que me han llamado del hospital y no pueden hablar contigo, como siempre, ingresas el lunes y te operan el martes".

Automáticamente solté el teléfono, era el del despacho, y un escalofrío me recorrió todo el cuerpo. Se me pusieron los vellos de punta y me descompuse. Finalmente, el temido momento había llegado. Parecía tan lejano y a la vez sabía que tenía que ocurrir, que no podía asimilarlo. Solo hacía unos meses que el especialista me había dicho que debía operarme y que posiblemente, con los años tendría que volver a hacerlo porque era un problema mío, de mi propio cuerpo, y no uno que me hubiera salido por la forma de vida o por un esfuerzo.

Recuerdo que eran las 13:40 h., por lo que me apresuré a despedirme de mis compañeros, puesto que no los volvería a ver en meses, y decidí pasar los días que me quedaban hasta el lunes entre la playa y la feria. Hasta Javi me consiguió sacar algunos peluches de las grúas para consternación del dueño del negocio que no le hizo mucha gracia que lo hiciera a la primera, y por supuesto jugamos algunos bingos en la tómbola. ¡Me tocaron dos!




Por fin llegó el día, lunes 14 de septiembre, así que nos dirigimos hacia Cádiz, dirección al hospital Puerta del Mar, a la planta de trauma, donde ingresamos. Lo curioso es que cambié la pulsera de 5mentarios, nuestra caseta de feria, por la del hospital, y no me dio ninguna penita, estaba mentalizada en que todo saldría genial. Aunque los rebujitos sí que los echaría de menos.


La primera noche, me dejaron dormir con mi pijama, y me trajeron una suculenta cena, tal vez para compensar las ayunas de los días posteriores. Por cierto, al llegar a planta para el ingreso, se pensaron que el enfermo era Javi y tuve que decirles a las enfermeras: "Tengo mejor cara que él, pero por dentro estoy peor."

                                                           ¡Sí! ¡Eso es tortilla de patatas!

 A la mañana siguiente, las 07:00, tempranito, me trajeron el favorecedor pijama de hospital y  me indicaron que me aseara que vendrían a buscarme sobre las 09:00 para ir a quirófano. Pues lo cierto es que no vinieron a buscarme hasta las 11:00, aunque los celadores eran tan salados que me pareció un paseo corto.

 Os contaré algo que sé que no debería pero me apetece para que no os vuelva a pasar. Me puse unas braguitas blancas con pequeños dibujos negros, muy monas y recatadas pensando que no podía llevar las negras de encaje a tal lugar. Pero pregunté una y otra vez si debía llevar ropa interior teniendo en cuenta que me iban a operar la parte de la espalda que da a la cintura, y nada. Nadie me contestaba, decían que cómo no iba a llevar ropa interior. Pues eah, que perdí las bragas, alguien me las quitó (por cierto ni me enteré), y no las volví a ver más. Nadie sabe qué ocurrió con mi delicada prenda.

Bueno, seguiré con mi historieta.

A eso de las 17:00 me subieron a la habitación. Llevaba una bomba de morfina, y una vía con suero y antibióticos, y la orden de mi médico de no moverme en cuarenta y ocho horas. ¿Por qué? Porque hubo un pequeño problema durante la intervención y me hicieron una pequeña brecha en la dura con la consecuencia de derrame de líquido cefaloraquídeo. Debo confesar que lo primero que hice en cuanto desperté de la anestesia fue mover los dedos de lo pies, me habían hecho firmar tantas cosas de lo que podía ocurrir durante la intervención que necesitaba quedarme tranquila en cuanto a lo de que no saliese peor de lo que entré. ¡Eureca! Podía mover las piernas. Afortunadamente las personas que se encargaban de mí son unos pedazos de profesionales y lo remediaron enseguida sellando la brecha con un pegamento especial. ¿Se puede pedir algo más?

     Este ramo de flores puso color y olor a la habitación durante todo mi ingreso.

Transcurrido el plazo establecido por el doctor para que pudiera, al menos levantar la cama en un ángulo de noventa grados, empecé a disfrutar de mis visitas, las cuales por cierto fueron muchas y no puedo poner nombres para agradeceros a todos vuestros mensajes y buenos deseos. 

Las chicas paraíso fueron algunas de las que se acercaron a verme, aunque me hicieron trabajar un poco haciéndome firmar libros rumbo a Puerto Rico. 


Nos vemos en la siguiente entrada.

***







                                           

1 comentario:

Kiko Rodriguez dijo...

Me alegro que en la evolución vaya todo bien. Ahora tendrás un montón de tiempo para plasmar en libros más proyectos, así que hay que mirar el lado bueno de las cosas.;-)